Corto animado: Semilla del recuerdo. Vídeo y mi propia descripción.

10 de abril del 2013. Para mi abuelo el mejor ser humano que conozco, que aunque nunca entre a esta página se la haré leer.

Como un rayo de luz por la mañana se asoma la flor dibujada. La dulce pequeña termina de trazar los últimos colores en la delgada hoja donde plasma en la flor un poco de su amor. Cuidadosamente y con un curiosidad indescriptible, ingresa a la habitación de su abuelo, una persona notablemente mayor y enferma, rápidamente corre a su lado, emocionada por el reconocimiento de su reciente obra de arte.
Esa suave y delicada mano pasó como tantas veces por su rostro, como una caricia divina. Esas que solo las daba él. Algo andaba mal, en los últimos días la tos del anciano estaba siendo muy frecuente: eran días de baja temperatura y mucho viento fuerte. Mientras la preocupación de ella se incrementaba, él le entregaba una pequeña planta con una flor todavía en capullo. Silenciosamente, le señaló fuera de la ventana al imponente árbol que se yacía grande en la parte más alta de la colina. Dándole a entender el lugar donde tenía que realizar una sola acción: plantar.
Apresurada y concentrada, la hermosa pequeña ocupó todo el resto de su día en plantar la flor de su abuelo. Hubiese demorado más tiempo si no eran los ladridos del perro desesperado, en efecto, los que retumbaron en sus oídos. Desconcertada y angustiada corrió de regreso, encontrándose con lo que tanto sospechaba: su abuelo había fallecido. Un frío helado le recorrió el cuerpo y la inmovilizó por completo.
Al pie del árbol, lloraba sin consuelo. Pensaba, renegaba y se arrepentía de haber pasado el último día de la vida de su abuelo ocupada con una planta que ni siquiera había abierto el capullo. La rabia se apodero de su frágil cuerpo y tuvo deseos de arrancarla de raíz, dándole un pequeño pero firme golpe se echó a correr.
No tenía fuerzas, sin embargo sus piernas la dirigieron a toda velocidad al centro de lo desconocido. El bosque era un laberinto: una gran cantidad de árboles inmensos y diferentes caminos. Anocheció, mas asustada que nunca y sin más energía para buscar la salida, se dejó caer. Sin esperanzas y sin compañía, deseo la muerte.
Se escuchó un fuerte viento y se le ilumino la mirada. Se levantó: una iluminación potente le cegó la mirada. Al frente se elevaba una especie de luz verde, la cual ella confió ciegamente y siguió hasta el camino de regreso a casa.
La misteriosa luz se dirigió hacia el árbol. Cuando la pequeña se acercó para cogerla, esta se esfumo tan rápido como apareció, causando la tristeza de ella. De pronto, sintió esa caricia divina que le recorría el rostro y entonces, lo supo: era su abuelo. Había regresado para despedirse de esta encantadora niña y mientras la daba su último beso en la mejía se desvaneció como luz, le recorrió el cuerpo juguetonamente para luego ingresar al capullo.
La dulce pequeña puso su fino dedo encima de esta flor, la cual se abrió automáticamente por completo, mostrándole todo tipo de magia maravillosa y colorida sobre la tierra a sus pies. Un pedacito de luz cayó sobre su mano y ella se llenó de felicidad, una felicidad de otro mundo. Abrió su mano y descubrió una semilla. La semilla de su felicidad, la de ambos, una compañía. Entonces, comprendió: su abuelo nunca la iba a dejar, estaba ahí junto a ella. Siempre.

(LouSaldivar)